Había una vez, en un reino lejano,
un principe que estaba enamorado
de una doncella hermosa y casquivana,
que no correspondía a sus halagos.
Compadeciose un hada de aquel joven,
que era bueno valiente y agraciado,
a quien tocó con su varita mágica
y le dijo.- Tendrás al ser amado,
cuando ella besé tus labios con los suyos,
se cumplirá el milagro.
Así fue, que paseando por el bosque,
sus ojos se encontraron.
Ella, extasiada, lo besó en la boca
y el principe felíz, se volvió sapo.
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